martes, 14 de febrero de 2017

Abacería. Colmado Quílez. Barcelona - Francisco Huertas Hernández


Abacería
Colmado Quílez. Barcelona

Francisco Huertas Hernández



Colmado Quílez. Fachada. Años 50
Rambla de Catalunya (esq. Aragó), 65. 08007 Barcelona
http://barcelofilia.blogspot.com.es/2015/08/colmado-quilez-rambla-de-catalunya-63.html



 Las ciudades aún conservan viejas tiendas con dependientes con bata y balanza. Son los colmados, las abacerías, los coloniales y ultramarinos. Podemos ver uno en el chaflán de Aragó y Rambla de Catalunya, en Barcelona. Podemos escuchar también la evocadora canción de Vainica Doble en el álbum “El eslabón perdido”. Los lugares de venta de comestibles han evolucionado: han aumentado su tamaño, sus empleados, su género. La expansión de la sociedad de consumo ha creado supermercados, hipermercados, donde la oferta es inabarcable, la presentación de los productos atractiva, y puede uno servirse por sí mismo. Además son lugares de paseo y distracción. Luminosos, con música de fondo. Las viejas abacerías o colmados eran angostos, con pilas de latas y mostradores de mármol, y un viejo calvo envolviendo la carne en papel de estraza, que decían. Eran tiendas oscuras donde la luz caía por algún ventanal como un foco lleno de partículas que flotaban en un aire viciado. Los colmados que perduran se han reconvertido en comercios de manjares exquisitos y selectivos, donde compran los burgueses. Tiendas de delicatessen con caviar iraní y salmón noruego y queso de Cabrales y pimientos del Bierzo. Yo sólo vi el colmado del carrer Aragó desde lejos. No sé si es una de esas sofisticadas boutiques de la alimentación, o, si por el contrario, continúa siendo un establecimiento tradicional con arenques ahumados y sacos de legumbres. Abacerías y colmados ya sólo sirven para rodar películas de época.


Domingo, 12 de agosto de 2001


Colmado Quílez
Rambla de Catalunya (esq. Aragó), 65. 08007 Barcelona
Foto: Francisco Huertas Hernández. 2001

Colmado Quílez. Interior. Años 50
Rambla de Catalunya (esq. Aragó), 65. 08007 Barcelona




Colmado Quílez. Interior
Rambla de Catalunya (esq. Aragó), 65. 08007 Barcelona


Colmado Quílez
Rambla de Catalunya (esq. Aragó), 65. 08007 Barcelona
Fotos diversas de exterior e interior


Vainica Doble: "Coloniales y ultramarinos" ("El eslabón perdido"). Guimbarda. 1980
Un disco exquisito y evocador


De la web de la tienda Lafuente Colmado Quílez extraemos esta información (https://lafuente.es/tiendas/colmado-quilez-rambla-catalunya/):

"Embutidos ibéricos, ahumados, foie gras, caviar, conservas de las Rías Gallegas, cafés, aceites, vinagres, cervezas, vinos, espumosos y licores de todo el mundo.

 Fundado en 1908 por la familia Vilaseca, fue en un principio una confitería de barrio. Más tarde fue convertido en el Colmado Quílez que hoy seguimos entreviendo. En 1940 don Julián Quílez continuó fielmente con la labor, ganando merecida fama en toda Barcelona. Desde 1974, el Colmado Quilez pertenece al grupo LAFUENTE , el cual no ha querido cambiar el aire de la tienda, intentando mantener ese compromiso tan difícil de conseguir que es el de mantener el ambiente e imagen de antaño con la necesidad de estar siempre en primera línea en el mundo de la distribución. Colmado Quilez se diferencia por lo tanto de sus crecientes competidores por el trato personalizado y amistosos de sus 10 dependientes. Pero sin duda, una de sus señas de identidad es la enorme fachada de 40 metros, o sus 16 escaparates y aparadores, en una de las esquinas más céntricas de la ciudad. En el Colmado Quilez se pueden encontrar 4000 referencias de alimentación, donde destacan su selección de conservas, quesos nacionales y de importación, cafés, tés, espárragos, aceites, vinagres, caviar y ahumados y 3500 en vinos nacionales y de importación, licores, aguardientes, whiskies…,lineales siempre bien apoyados por un almacén de 250 metros, donde lo que prima en primer lugar es dar al cliente un producto de máxima calidad a los precios más ajustados. Su carisma y personalidad le han llevado a obtener del Ayuntamiento de Barcelona una placa conmemorativa enmarcada en el programa “guapos para siempre” en reconocimiento a su labor" 

 Pero la subida de los precios del alquiler dio lugar al cierre del establecimiento centenario que hubo de reabrir en el local de su almacén en 2014  (http://www.lavanguardia.com/local/barcelona/20140131/54400679909/colmado-quilez-barcelona-cierra.html): 

 "No hay nada que hacer. No quieren negociar", con estas amargas palabras Carlos Lafuente, propietario del histórico colmado Quílez de la calle Aragó describe la situación en la que se encuentra el negocio. Como otros a lo largo de este año bajarán sus persianas, aún no tienen fecha, a causa de la entrada en vigor de la ley de Arrendamientos Urbanos que los obliga a renegociar un alquiler a precio de mercado. Y ya se sabe: un local en la confluencia entre la rambla Catalunya y la calle Aragó no tiene precio o sí que lo tiene. Una cantidad imposible de asumir para un comerciante que vende productos de alimentación, a pesar de que muchos de estos puedan ser considerados de delicatessen o exquisitos.

 Lafuente explica que llevan años intentando renovar la renta, sin éxito. Les piden un 700% más de lo que pagan ahora y la propiedad del inmueble está dispuesta a alquilarlo al mejor postor. "Contra eso es difícil competir", sentencia Lafuente, que heredó de su padre el negocio. Está preocupado por los 15 empleados que trabajan allí, algunos de ellos llevan más de 40 años y se han convertido en toda una institución, ofreciendo un servicio personalizado, una prestación en peligro de extinción en la ciudad.

 La historia de Quílez está ligada a otro colmado histórico de la ciudad, el Múrria, en la calle Roger de Llúria, sobre el que también pesa la amenaza de la renovación, aunque según explica su propietario, Joan Múrria, con mejores perspectivas. Quílez tomó el negocio en 1940, en una Barcelona de posguerra donde escaseaban muchos productos de alimentación. En poco tiempo se convirtió en uno de los mejores establecimientos de la ciudad. Allí se podía encontrar de todo. Lafuente explica que Quílez era una persona tan preocupada por su negocio que buscó a alguien como él para que lo sustituyera. El elegido, curiosamente, fue su máximo competidor: Andrés Lafuente, propietario de colmados Lafuente. "El traspaso -rememora su hijo- fue simbólico, a un precio irrisorio. Sólo buscaba a alguien que entendiese el negocio y respetase el espíritu de la tienda".

 Lamentablemente el caso de Quílez no es el único. El cierre de comercios históricos -se calcula que en Barcelona hay 108 y unos 164 establecimientos destacados de más de 50 años- amenaza con convertirse en una epidemia. El presidente de la Fundació Barcelona Comerç, Vicenç Gasca, explica que no hay datos oficiales sobre cuántos comercios deberán renegociar sus contratos a lo largo de este año en el que acaba la moratoria de 20 años que impuso la ley de arrendamientos urbanos (LAU) aprobada en 1994. Los negocios más afectados son aquellos que se sitúan en los cascos históricos de los distritos. Gasca calcula que entre un 10 y un 12% de las tiendas de la ciudad pueden estar afectadas por la ley de arrendamientos urbanos. "Para aquellas que aún no han actualizado el contrato puede ser tarde. Sobre todo afectará a las tiendas que se sitúan en las calles más comerciales", sentencia. El presidente de los comerciantes de la ciudad aconseja que busquen una ubicación más barata y que el consistorio y los ejes ayuden en la promoción de estas tiendas.

 En el eje comercial de Barnacentre, un 10% de los negocios, según su presidente Javier Cottet, están en riesgo de estar afectadas por la entrada en vigor de la LAU. Cottet se muestra un tanto crítico con estos negocios que han esperado a última hora a actualizar las rentas de alquiler. "Los comercios deben adaptarse a los cambios que se producen en su entorno y muchos no lo han hecho", dice rotundo. También entiende que es lícito que un propietario quiera sacar el máximo rendimiento a sus activos. Pero aún así lanza una seria advertencia a los responsables municipales ante la inminente pérdida de identidad que sufrirá la ciudad si estas tiendas acaban cerrando.

 Dice no entender cómo el Ayuntamiento se ha mantenido al margen durante todo este tiempo sin llegar a encontrar una solución a un problema que amenaza con llevarse por delante la gallina de los huevos de oro: el turismo. De ideas para resolver esta situación tiene muchas, desde que Barcelona Activa elabore planes de viabilidad para incentivar las ventas de estas tiendas, algunas de ellas muy especializadas, hasta la de dotar con créditos blandos a los inquilinos para que se hagan con la propiedad del local. "No nos han hecho caso y se están cargando la clase media comercial. De aquí a poco no quedará nadie. Todo serán operadores extranjeros y cuando el alcalde quiera solucionar o saber qué pasa en su ciudad deberá coger un avión y viajar a Londres o París", se lamenta.

 El pleno municipal debatirá hoy sobre la protección de las tiendas históricas. El socialista Jordi Martí preguntará al alcalde sobre esta cuestión y el republicano Jordi Portabella, que cuando era edil de Comercio editó el libro Guapos per sempre, una recopilación de comercios singulares, presentará un ruego para que Barcelona aplique las medidas de protección comercial que se han adoptado en París y Roma, preservando la actividad del local histórico. No es la primera vez que se aborda la situación de los llamados comercios emblemáticos en el pleno. En el plan de comercio que pactó CiU con el PP ya se incluía una medida encaminada a ello, sin que el equipo de gobierno haya tomado cartas en el asunto, según ha denunciado en más de una ocasión el popular Javier Mulleras.

 Mientras el área de comercio aún debate que debe ser considerado un comercio emblemático y se cierra en banda a no proteger la actividad de los locales, Deulofeu, en la misma plaza Sant Jaume lucha por su supervivencia. La histórica tienda, inaugurada en 1918, está negociando con la propiedad que aspira a cobrar un alquiler mensual de 9.000 euros. Ahora pagan 4.400, lo que tampoco puede considerarse una renta antigua. Ramon Oliveras Deulofeu, nieto de uno de los fundadores de la famosa camisería, explica que cuenta con cinco trabajadores y una clientela variada a la que se han sumado turistas. 

 Intentarán sobrevivir más allá del 31 de diciembre, pero hoy no pueden estar muy seguros de ello. "Los alquileres suben porque las calles se ponen de moda... pero quienes las ponen de moda son los comercios, no los propietarios de los edificios", reflexiona. Teme que con el cierre de establecimientos singulares "Barcelona puede perder mucho como ciudad de compras para los turistas, y sé que los hoteleros están también muy preocupados por ello". Oliveras se ha entrevistado con concejales de todos los partidos para explicarles la situación y "me consta que son conscientes de lo que puede pasar".


 Información elaborada por Luis Benvenuty, Raúl Montilla, Óscar Muñoz, Lluís Sierra y Jaume V. Aroca"

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