sábado, 12 de noviembre de 2016

El problema del cambio en la filosofía - Clase real de Filosofía - 4º ESO - Francisco Huertas Hernández - "El río que nos lleva"



El problema del cambio en la filosofía 
Clase real de Filosofía - 4º ESO
"El río que nos lleva"

Francisco Huertas Hernández




"El río que nos lleva" (1989). Antonio del Real
Película española basada en la novela de José Luis Sampedro (1961)
"Hacia mediados de los años cuarenta, se trasladó por el río Tajo el último envío de troncos desde Peralejos de las Truchas hasta Aranjuez. El film narra la aventura de la última "maderada" del Tajo. Roy Shannon, un joven irlandés que ha vivido los desastres de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), ha perdido la fe en los hombres. Una vez en España, conoce a Paula, que lo lleva hasta el campamento donde viven los gancheros: unos hombres primitivos, valientes y generosos, cuyo jefe es "El Americano"". (FILMAFFINITY)

El título de esta novela y película son reveladores: el "río" físico nos lleva porque sus aguas son móviles. Y nosotros necesitamos un punto de anclaje para no ser destruidos por el movimiento de las aguas. Ese "anclaje" es el lenguaje, es decir, la razón. No hablamos ni conocemos lo que cambia, sino lo permanente. Esto nos enseñan Parménides y Platón



 Hola a todos. Voy a intentar recuperar la clase de ayer en 4º ESO en la asignatura nueva, optativa, de Filosofía. No salió tan redonda como la anterior, pero intentaré resumirla y completarla.

 El estado de ánimo es vital en la enseñanza. Quiero decir que el profesor -al menos, desde mi punto de vista- debería reunir una serie de requisitos psicológicos: a) vocación, o sea "inclinación o interés que una persona siente en su interior para dedicarse a una determinada forma de vida o un determinado trabajo"; b) pasión o amor por lo que se enseña y por compartirlo con quienes te escuchan; c) humor; d) espíritu crítico y alerta frente a la rutina, el poder de la costumbre y los prejuicios; y, finalmente, e) fe en que la labor de enseñar trasciende los límites de la asignatura y produce una mejora en el ser humano, a pesar del desaliento, la tristeza, con la que nos enfrentamos diariamente: la desmotivación e ignorancia reinantes en la sociedad.


IES Doctor Balmis
Cerámica, 24. Alicante (España)
Foto de Francisco Huertas Hernández. 27 de marzo de 2015
Aquí se intenta hacer filosofía, pese al gobierno y los mercaderes

Si este edificio permanece no es por la quietud de la Tierra, que se mueve en giro de rotación y de traslación alrededor del Sol, sino por el lenguaje que nombra lo que permanece. Lamentablemente, la chimenea del instituto (de la antigua fábrica de cerámica sobre la que está construido) tuvo desprendimientos un tiempo después de esta foto. Y, sin embargo, nuestro conocimiento del instituto no se vio alterado por ese cambio. El lenguaje/razón (logos) es el puerto racional refugio de las tormentas de las aguas del cambio físico


 Ayer Fátima -a la que conozco desde 1º ESO cuando llegó al instituto- salió a la pizarra. Teníamos que seguir con el esquema del inicio de la filosofía en Grecia. Y continuamos con el "ἀρχή" (arjé o arché: origen, principio): ¿qué son las cosas y de dónde proceden?. Y a esta pregunta por la φύσις (physis: naturaleza) de la realidad, del universo, los primeros filósofos presocráticos le dieron una respuesta material, basándose en la observación y el razonamiento, a diferencia de la mentalidad mítica que lo explicaba todo con seres sobrenaturales:


Thales de Mileto (Θαλῆς) (c. 624 – c. 546 a C)

 a) Thales de Mileto dijo que el agua es el ἀρχή, porque todas las cosas están hechas de agua (líquido) y proceden de transformaciones del elemento líquido. Además observó que la tierra está sobre el agua (del mar).







Anaxímenes de Mileto (Ἀναξιμένης) (c. 590 a. C.–524 a. C.)

 b) Anaxímenes de Mileto dijo que es el aire el origen de todo lo que existe, que la naturaleza de las cosas es aire. El aire según él era anterior al agua. El aire se condensa o se dilata, y eso produce su transformación en otros elementos: si se dilata se convierte en fuego, si se condensa se convierte en viento, luego en nube, y condensándose más en agua, tierra y piedra. Las demás cosas se producen a partir de éstas. El aire está siempre en movimiento y se manifiesta en lo frío y lo caliente, lo húmedo y lo seco. Nuestra alma es aire, y ese soplo o aliento es lo que nos mantiene con vida. Así el alma del universo es un soplo o aire que lo mantiene vivo. La Tierra además flota en el aire.


Anaximandro de Mileto (Ἀναξίμανδρος) (c. 610 a. C. - c. 547 a. C)

 c) Anaximandro de Mileto dijo que el arjé u origen de todo es el ἄπειρον (apéiron: materia sin límites, indeterminada). Esta es una idea más compleja, más abstracta. Yo lo comparé con una masa o bola de plastilina sin forma con la que modelamos diferentes figuras que sacamos separando trozos de la masa, y que, luego, destruimos volviendo a unirlos a su origen: la bola sin forma. Así sería el apéiron: una materia indeterminada de la que procede todo el universo por separación. Es anterior al agua, al aire, a la tierra y al fuego. Y está en continuo movimiento. De este movimiento se desprenden partes que dan lugar a los distintos cuerpos del universo: las estrellas, los planetas. Lo caliente y lo frío son la causa de la separación de partes del apéiron, que, una vez terminan su ciclo de vida, regresan a él, como la bola de plastilina.


Heráclito de Éfeso (Ἡράκλειτος ὁ Ἐφέσιος) (535 a. C. - 484 a. C.)

 d) Heráclito de Éfeso. Con este autor nos detuvimos ayer y se inició un debate sobre el movimiento, que fue lo más interesante de la clase. Heráclito dijo que el arjé -origen- de todo es el fuego. Pero para él el fuego era símbolo de que se mueve eternamente. Porque el universo para este autor es cambio continuo, devenir. Nada permanece igual, todo está cambiando sin cesar.


"Niagara" (1953). Henry Hathaway
Con Marilyn Monroe, Joseph Cotten y Jean Peters
Película norteamericana rodada en Niagara Falls (Cataratas del Niagara)


"Niagara" (1953). Henry Hathaway
Con Marilyn Monroe, Joseph Cotten y Jean Peters
Película norteamericana rodada en Niagara Falls (Cataratas del Niagara)

Marilyn Monroe posa ante las Cataratas. Son la imagen de la fuerza y el dinamismo de las aguas, porque habría que hablar en plural de lo que cambia. El torrente, el remolino, el flujo de las aguas que nunca permanecen, y, que, además, salpican continuamente, o sea, enturbian la mirada. Como lo que se mueve deslumbra o salpica no puede conocerse tampoco. Necesitamos limpiar las lentes, las gafas de nuestra mente: la razón pone claridad en el remolino oscuro del cambio físico. Y la claridad empieza con la permanencia, el punto de apoyo que nos permita entender la realidad: el λóγος (logos) es lo que nos hace pensar y hablar, porque significa palabra pensada, argumentación, razón


 Entonces, cuando ya mis preguntas sembraban cierto desconcierto en la clase -bueno, en parte de ella, porque, en realidad, no todos participan- dije a Fátima que se sentara para que copiara lo de la pizarra.

 Cité como ejemplo del cambio continuo (devenirnada es estático, sino un flujo o una corriente dinámica) aquel fragmento de Heráclito que dice: 
 "No es posible bañarse dos veces en el mismo río"

 Sharon, atenta, miró en el teléfono móvil -celular, para nuestros lectores de América Latina- la cita y dijo que no era correcta, porque estaba en el "Cratilo" de Platón. Yo expliqué que del libro de Heráclito, como de los demás presocráticos, no conservamos más que fragmentos, porque se perdieron sus obras. Y que la cita de Platón sobre Heráclito es fiable porque Platón leyó el libro de Heráclito. En todo caso esta idea del cambio continuo con la metáfora del río también nos llega en esta versión:
 "En los mismos ríos entramos y no entramos, [pues] somos y no somos [los mismos]
(Diels-Kranz: "Fragmente der Vorsokratiker", 22 B12)



Heráclito de Éfeso: "Todo fluye. Nadie se puede bañar dos veces en el mismo río, pues cuando nos bañamos por segunda vez, ni nosotros ni el río somos los mismos"


 Pregunté yo que en qué consistía un río. Puse el ejemplo del río Turia a su paso por Valencia. Su cauce ha sido desviado. Ahora en el antiguo cauce hay un parque y la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Entonces, pregunté, si las aguas de un río cambian continuamente y hasta el cauce puede cambiarse por qué lo seguimos llamando igual si no es el mismo.


"El río que nos lleva" (1989). Antonio del Real
Película española basada en la novela de José Luis Sampedro (1961)

La imagen del río de Heráclito: no sólo cambia el río, cambiamos nosotros. Y, además, el río nos lleva, es decir: nos aleja de nosotros mismos, de nuestra razón



 Es como decir la hora, nombrar el tiempo, lo que siempre está pasando no puede ser nombrado, es decir detenido, apresado, congelado: "Son las 7:34:10; no, las 7:34:12; no, las 7:34: 14..." Es inútil intentar nombrar lo que se mueve, lo que cambia: el tiempo, pero también todo lo que existe. Recuerda Natalia, dije, lo que decíamos: tú no eres igual a la de tu nacimiento, todas tus células han cambiado, están cambiando continuamente. Como dijo Fran, lo que permanece en ti es tu ADN, pero eso no se ve.


Un río de aguas bravas es la expresión de la furia de la naturaleza, del movimiento vertiginoso, y de lo lejos que están nuestras palabras estáticas ("río") del runrún estrepitoso del fluir de las cosas


Reloj de campanario de iglesia. Puede leerse debajo de la esfera, en latín: "Vulnerant omnes. Ultima necat" ("Todas hieren. La última mata")

Se refiere al tiempo (las horas). Su movimiento es el envejecimiento, el discurrir del nacimiento a la muerte. Lo único que hacemos es ir muriendo día a día desde que nacemos. Esa fugacidad de la vida (tempus irreparabile fugit) no sólo produce horror y desesperación, también escepticismo (la incapacidad de conocer la realidad cambiante)


La Chicana: "Ayer hoy era mañana"
CD. Ojo Música. 2007
Portada

Un grupo argentino de tango grabó este excelente disco que compré cuando se editó. El título es una espléndida manera de mostrar la relatividad del tiempo: el tiempo no existe, sólo mide el movimiento en relación con un observador. El pasado ya no es. El futuro aún no es. Y el presente -el instante- se deshace en cuanto lo nombras. El tiempo -el movimiento- es inapresable, o sea, innombrable. Y ¿podemos afirmar la existencia de lo que no puede captarse ni nombrarse?


 Andrea se resistía a admitir que el río no fuera un río. Pero yo le preguntaba qué es, y ella se limitaba a decir que el río es el río. Es curioso, porque, al final, las cosas, como siempre están cambiando, son sólo un nombre, una palabra, o sea nada.

 Verónica apuntó que "río" en general apunta a un tipo de agua distinta de la del "mar". Se elevó de un río particular, físico, algo que vemos -el río Turia, el Vinalopó, el Júcar, el Duero, el Tajo...- a la idea o concepto de "río" en general, al "río" lógico. Intentó esa definición que los niños de la película "Ce n'est qu'un début" ("Sólo es el principio") no alcanzaban, porque, con 4 años, es imposible elevarse por encima de lo concreto hasta olvidar los ríos particulares, los que vemos, para pensar en lo que tienen en común. Le dije a Verónica que su respuesta no conseguía explicar que era el río Turia, si no era su agua, su cauce, el lugar por el que pasa -todo eso puede cambiarse, y lo seguimos llamando igual-

 Natalia empezaba a estar molesta con tanta pregunta y tan poca respuesta, pero yo dije que la filosofía no sólo comienza con las preguntas -que surgen del asombro, de la extrañeza de las cosas (por ejemplo de que todo está cambiando sin parar)-, sino que lo más importante del pensamiento es la capacidad de preguntarse, de dudar, porque no hay respuestas si no surgen de alguna pregunta. Ninguna respuesta tiene valor si no hay una pregunta previa. 

 La capacidad de "rayarse" o "rallarse" (expresión, cuyo significado en España es darle demasiadas vueltas en la cabeza a algo, estar obsesionado con algo, no avanzar en un pensamiento que se convierte en obsesivo, se usa muy a menudo, en especial en los hablantes más jóvenes) es la virtud de la filosofía, su toque distintivo, su esencia. Los grandes filósofos no son importantes por sus sistemas de pensamiento, sus ideas; lo más valioso en ellos fue la profundidad de las preguntas que se hicieron, es decir, las dudas que la realidad y el conocimiento sembró en sus mentes. Pensar es interrogar. Un filósofo es una mezcla de detective y de niño asombrado y preguntón. Sócrates es el filósofo más influyente de la historia, y lo es porque inventó el método mayéutico-dialéctico, que consiste en un preguntar, en un dialogar inacabable, de tal forma que encontramos respuestas dentro de nosotros que ignorábamos. Por eso es importante el debate: no por lo que se responde, sino por lo que se pregunta. La única manera de enseñar es preguntar. Pero lo malo de nuestro sistema educativo es que las preguntas sólo van en una dirección: de los maestros a los alumnos (son irrelevantes las preguntas de los alumnos de tipo aclaratorio: "no entiendo lo que pone en la pizarra"). Los alumnos sólo pueden aprender cuando ellos mismos son capaces de preguntarse a sí mismos, cuando son autoconscientes de que son seres racionales, o sea, preguntones, pero se preguntan a sí mismos, a su propia razón. Nuestra razón es común a todos, compartida, sólo en la medida en que está activa, en marcha, en funcionamiento, y esto sólo sucede cuando uno es capaz de dudar, de interrogar, de interrogarse a sí mismo.


La camiseta del filósofo: "Being a philosopher - ? - I have a problem for every solution"
"Ser (un) filósofo: Tengo un problema/pregunta (?) para cada solución/respuesta"
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 Volviendo a la clase de ayer -que ya se me va borrando de la memoria-: Fran comparó el cambio y la permanencia con la flecha de Zenón. No acabó de precisar su reflexión, pero iba por buen camino. El cambio es físico (como la flecha que "vemos" moverse). Pero la permanencia es racional, lógica (como el lenguaje que nombra lo que cambia, siendo permanentes las palabras que nombras; o como las matemáticas que analizan la cantidad y el espacio sin tener en cuenta el movimiento ni el cambio). 

 Así que vivimos partidos, "escindidos" en dos mundos:
 a) en el "físico" todo cambia: los ríos, las personas, el tiempo...
 b) en el "lógico/matemático/racional" nada cambia. Y es con ese mundo con el que conocemos

 Nuestros cuerpos van por el "río" del cambio: nacemos, empezamos a envejecer (¡qué mayor cambio que el envejecer: vamos muriendo cada día, desde que nacemos empezamos a morir!).
 Nuestras mentes/almas van por el "cielo" de lo que permanece: el lenguaje, las matemáticas, la razón

 Es increíble. Hemos llegado inevitablemente a Platón y su Teoría de las Ideas: los dos "mundos", ambos son nuestros, pero uno es más "nuestro", porque es el mundo que podemos conocer, del que hablamos, lo que no cambia. El lo llamó "mundo inteligible", porque sólo con la "inteligencia" o razón se conoce. No así con la vista y los demás sentidos. La vista nos hace ver aguas que nunca están quietas, un mundo enloquecido y sin sentido, un "flujo", un devenir sin fin, todo naciendo, envejeciendo, pudriéndose, rompiéndose, muriendo. Todo inapresable, inexpresable. Si queremos hablar, pensar y conocer, sólo podemos hacerlo negando la "realidad" física del movimiento, del cambio.

 El río que vemos no existe. El verdadero "río" es el de Verónica, el concepto estático, fijo, universal (válido para todos los ríos). El "río" del diccionario, el que no se ve, porque no está en el tiempo, ni en el espacio. Verónica apuntó -sin saberlo- hacia Platón: la verdad y la realidad no son físicas, no cambian.

 Gracias por leernos. Un saludo a nuestros lectores de América Latina, y, sobre todo, a mis alumnos del instituto, sin los cuales esto no existiría.


Postdata:

 Francisco Huertas Hernández:

"Como ciudadano, o cibernauta (que ahora es lo mismo), releo esta clase que hicimos hace unas semanas. Me emociona saber que fue posible, que esto ocurrió, que esto se pensó y se discutió. Nosotros, los enseñantes, somos descreídos (este trabajo proporciona muchas desilusiones), pero, como en la vida, también en el aula (debería ser una parte de la vida) ocurren cosas inesperadas. Lo que hice aquel día fue amar el conocimiento y sentir afecto por mis alumnos. La inspiración es amor. Y el amor es conocimiento, en la medida que se dirige hacia lo más verdadero, bueno y bello. Lo que me emociona al releer esto es que algo ocurrió mientras amábamos la verdad y la libertad, y eso que ocurrió fue el amor, una forma de amar, de navegar por la vida con los ojos despiertos y las manos tendidas hacia la luz. La luz de la verdad. No temáis decir estas palabras por cursis. La verdad y el amor son el misterio mismo de la filosofía, porque la razón también llora y ríe como cuando amamos a la persona amada"


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