lunes, 14 de julio de 2014

"CIRCUS WORLD" (1964) de HENRY HATHAWAY. ALEJANDRO RODRÍGUEZ. Buenos Aires



DIVA E IMAGINARIO

El fabuloso mundo del circo (1964)
"Circus World" (título original)
Director: Henry Hathaway


SIMPLEMENTE AHÍ ESTÁS: ¡RITA!



ALEJANDRO RODRÍGUEZ
Buenos Aires (Argentina)






DURACIÓN: 135 min.

PAÍS: U.S.A

DIRECTOR: Henry Hathaway

GUIÓN: Ben Hecht, Julian Halevy, James Edward Grant

(Historia: Philip Yordan & Nicholas Ray)

MÚSICA: Dimitri Tiomkin

FOTOGRAFÍA: Jack Hildyard

REPARTO: John Wayne, Rita Hayworth, Claudia Cardinale, John Smith, Lloyd Nolan, Richard Conte, Wanda Rotha, Kay Walsh.

PRODUCTOR: Samuel Bronston




Rita Hayworth, una diva ya madura, ingresa por primera vez en mi vida:



 Rita Hayworth (1918-1987)




 El concepto de diva pueda ser asumido con diferentes significancias y sus aplicaciones de acuerdo con cada individuo. En la música clásica, en la ópera, una diva es una cantante de renombre que se caracteriza por tener una voz excepcional. En latín y en italiano, la palabra diva significa “divina” y es la forma femenina de la palabra latina “divus”. Muy por el contrario la palabra diva en la actualidad ha dejado, en términos muy populares, de aplicarse a las cantantes de ópera para trasladarse a la definición de una “diosa” en el cine. Sin embargo, el concepto, amén de hacerse calificativo del carácter cuasi divino de una actriz del cine, se trasladó pronto también a la pantalla chica y aplicativo de casi cualquier actriz que lograra reunir algunas pocas condiciones de belleza, fama y riqueza, alejándose mucho, a mi entender, de la primigenia conceptualización.

 Hoy, casi cualquier actriz puede ser llamada de esa manera por su éxito en audiencia o rating y sin siquiera verdaderos trabajos con algún esplendor o categoría.

 Hay divas en TV que muy lejos están de serlo, y poco de este carácter se encuentra definido en las grandes actrices de cine de hoy, más allá de sus excelentes trabajos.

 Así, cuando se habla de viejas artistas del celuloide se les suele calificar de esa manera, por su éxito, su belleza, su trayectoria y sus películas inolvidables que se convierten en producciones memorables, casi clásicas por ser objetos imitables o referentes.



 Se habla de diva por la imagen total que vendían en concordancia con y a partir del tipo de vestimenta, la actitud que demostraban frente al público, las mansiones en que vivían, los autos y joyas que usaban y las relaciones amorosas y amistosas que tenían, y ese producto, como un todo final ofrecido, era dado en un conjunto perfecto que yo definiría haciendo uso de tan solo una sola palabra: glamour, por ese hechizo mágico y casi oculto, por la atracción sexual y vanidades atractivas que imponían. El glamour es intrínseco de la diva del cine.



Rita Hayworth (diva real en el imaginario popular) (Circus World- 1964)




 Los medios tecnológicos desarrollados en el tiempo, han ido modificando las maneras con que las personas fueron relacionándose con el mundo, cambiaron la sensibilidad e instauraron fuertes imaginarios. El cine es (también y no sólo eso, efectivamente) un inmenso caudal de imágenes. Los medios audiovisuales van muchísimo más allá de ser meros hechos tecnológicos o estrategias comerciales. Ellos se expresan con la cultura, y establecen imaginarios, determinando percepciones del entorno, de lo que se vive; juegan en las dinámicas culturales.

 Desde esta acotada visión del tema -por supuesto el tema del imaginario es muchísimo más complejo-, lo imaginario tiene un sentido positivo y su significado se actualiza con cada creación artística. Así, por ejemplo, una pintura puede ser entendida como una demostración de lo imaginario.



 Se ha escrito, que desde la década de los años 20’ del siglo pasado, y gracias al movimiento artístico y literario surrealista, el imaginario es la posibilidad de levantar la censura impuesta al proceso de creación. De acuerdo con esto, su sentido está próximo al mundo onírico, a la creación de mundos meramente posibles.





Jean-Paul Sartre, filósofo existencialista



 El filósofo Jean-Paul Sartre escribe en 1940 un texto en el cual lo imaginario es entendido como el terreno de la imaginación, esto es, una facultad que no tiene la misma importancia de la razón o la percepción por cuanto es engañosa. Para el filósofo hay (y de hecho concuerdo totalmente) un abismo entre lo imaginario y lo real. La imagen es un elemento de la conciencia, elemento que se da desde su aparición, no por un proceso de aprendizaje.

La imagen es un dato que trata de alcanzar en su corporeidad a un objeto ausente, a través de un contenido físico o psíquico que no se da propiamente, sino a título de «representante lógico» del objeto considerado” (Sartre)


 Es por esto que la imagen establece una relación entre la conciencia y el objeto, es decir, la manera en que el objeto se re-elabora en la conciencia, una manera determinada por medio de la cual la conciencia se da un objeto. Para Sartre, en consecuencia, no existen sino aquellos objetos que se piensan. De ahí la desconfianza en la imagen, ya que a diferencia de la percepción no enseña sino que es engañosa y crea una intención que varía la realidad. En conclusión, Sartre hace una devaluación radical de lo imaginario, por cuanto es vacuidad.




 Exactamente, desde esta perspectiva, el cine brinda imágenes y trasladan al sujeto a vivir por algún momento situaciones imaginarias, vivir en una fantasía y adentrarse y posesionarse de un tema o historia, “se vive” por el tiempo que dure una película las situaciones expuestas. Pero la situación va mucho más allá de la hora u hora y media, o pocos más o menos minutos que en general duran la mayoría de los films. Quedan los héroes y heroínas, quedan las divas, que interpretan las historias contadas en el film, y se traduce luego en un cierto tipo de enamoramiento tan profundo, que más allá de haberse identificado con algún personaje de la ficción en la película, surge el interés por ese hechizo que genera la vida pública y privada del artista en cuestión. En este caso puntual la diva. Hechizo que es decididamente onírico, con la idealización de la personalidad, y así se crea una relación estrecha actriz-espectador, impersonal, tácita…, porque jamás irán siquiera a verse en la vida, y mucho menos compartir nada en absoluto. Es el enamoramiento de una imagen, de un icono. Pero está vacío.




Rita Hayworth en Gilda (1946) (Dirigida por Charles Vidor): Quién, con algunos años de vida, puede olvidar esta imagen, cuando una muy joven Rita, en pleno esplendor, era capaz de generar las más intensas fantasías ¡con sólo quitarse un guante!






 Circus World (1964): John Smith y Claudia Cardinale con los míticos John Wayne y Rita Hayworth en un final inolvidable. Un circo lleno de vicisitudes pasadas y a punto de quebrar, tiene un final feliz con esplendor y fastuosa escenografía entre luces y aguas danzantes






 Cuando se estrena Circus World (1964), Rita Hayworth (Margarita Carmen Cansino- Nueva York, 17/19/18-Nueva York, 14/05/87) todavía era una hermosa mujer pero de 46 años. Es claro que sus épocas de inmensa gloria ya habían quedado muy atrás. La juventud suele ser una condición casi fundamental para permanecer en el status calificativo de diva, aunque no siempre.





Claudia Cardinale, John Wayne y Rita Hayworth



 De hecho, si observamos el cartel promocional, comparte cartelera con una muy joven Claudia Cardinale. Pero el nombre de Rita Hayworth está justo debajo del nombre de la joven actriz nacida en La Goleta (Túnez)




Claudia Cardinale (Toni) en el papel de hija de Rita Hayworth (Lili) en Circus World 




 ¿Desde qué perspectiva de opinión abordo el recuerdo de esta película? Simple, Circus World es una de las primeras películas que yo haya visto en mi niñez y que no se tratara del género “dibujo animado”. Exactamente mi edad era 5 años cuando se realiza, y particularmente no recuerdo hoy haber visto otra fuera del género netamente infantil antes, e imagino que no se debe haber estrenado en Buenos Aires mucho más allá del año 64’, por lo que yo era muy niño.



 Jamás olvidaré la impresión recibida.







 La fui a ver con mi madre al centro de Buenos Aires, y, como es de esperar, de acuerdo a mis muy pocos años, yo ni idea tenía de quiénes eran John Wayne, Claudia Cardinale y tampoco ¡Rita Hayworth!

 Quizás pueda parecer inverosímil, en concordancia con la corta edad, pero Rita entró en mi fascinación a partir de esta película, ya mayor, ya en el declive de su carrera; y como es de suponer ignoraba su actuación interpretando a Gilda, en los momentos más altos de su carrera.



 Es “el primer contacto con Rita” en mi vida. Ciertamente, dada mi corta edad, no pensemos que salí esa tarde de la sala enamorado de la actriz, el imaginario con el correr del tiempo se ocupó del asunto.





Fotos off-set de la filmación


 Es indudable que Circus World entra en mi vida, pues su recuerdo es demasiado patente, y de la mano de Rita. Así fue, porque jamás tuve admiración por Claudia Cardinale (ni creo haberla visto en otra película) y ni siquiera por John Wayne, actor ícono de Hollywood, que, sin embargo, siempre me pasó indiferente, quizás por representar un estilo demasiado, demasiado norteamericano, y muy circunscrito al personaje de un rudo vaquero y nada más. Es la imagen final, ya elaborada, que generó en mi John Wayne: un rudo e hipermasculino cowboy.







 Circus World me resultó inmensamente entretenida. Dentro de su género “aventuras” tiene todos los tics necesarios para el buen entretenimiento, y las escenas del final se me han hecho inolvidables: un hermoso decorado, rico vestuario circense, y juego de luces y fastuosas aguas danzantes; como inolvidable es, asimismo, el tremendo accidente que se sucede cuando actuando a bordo de un barco lleno de espectadores, un trapecista cae al agua y todo el público se agolpa en una borda del buque hasta conseguir que éste se escore tan pronunciadamente que termina literalmente naufragando y con ¡todo al agua!. Es emocionante e inolvidable; es una escena que perduró dentro de mí toda la vida.

Escena durante el accidente con el barco



  Y lo importante es que Rita está ahí, y hoy día me resulta deliciosamente encantadora su imagen madura y bellísima en las muchas fotos que se pueden encontrar en la web.


 


Fue el primer contacto con Rita, y fue inolvidable.

Simplemente ahí estás: ¡RITA!





Alejandro Rodríguez (Buenos Aires) 




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