domingo, 27 de abril de 2014

OTTO E MEZZO (FEDERICO FELLINI) según el libro “Federico Fellini” de Pilar Pedraza y Juan López Gandía.



OTTO E MEZZO (FEDERICO FELLINI) según el libro “Federico Fellini ” de Pilar Pedraza y Juan López Gandía
Editorial Cátedra. Signo e Imagen. Madrid. 1999


El vuelo excede al ala






 “¿Qué nos prepara de nuevo? ¿Una nueva película sin esperanza? –pregunta el médico del balneario a Guido en la segunda secuencia de Otto e mezzo (1963)




 Fellini quería hacer una película sobre los recuerdos, la imaginación, los juegos entre diversos planos de realidad, pero se le escapaba la personalidad del protagonista. Por fin, emergió precisamente quien debía emerger, no un escritor o un empresario teatral como había pensado en un principio, sino el obvio director de cine. Obvio, y, a la vez, difícil de hallar, y decisivo.








 No es el único caso de cine dentro del cine en la historia de este arte; pero en otros, las películas suelen versar sobre el cine mismo. En ésta, sin embargo, el tema es el interior del artista, su universo, acosado por la realidad como por un ejército y sometido a la tortura y el gozo de estar dando forma a la obra a expensas de todo lo demás, incluidas las llamadas relaciones personales.
 Pero, sobre todo, es el hallazgo de una nueva y compleja forma artística, la mise en abîme, a la que traslada preocupaciones que en las obras anteriores todavía se anclaban en el tema o en el argumento, como la fuga, el engaño, la obra que vendrá.


(...) Por primera vez una película de Fellini empieza sin música ni genérico, pues ambas cosas, lo comprobamos al final, son marcas de la obra ya acabada y hecha, y Otto e mezzo muestra la paradoja moderna de intentar hacer una obra que coincida con la página en blanco de Mallarmé, que muestre su propia imposibilidad mientras va haciéndose, que no tenga nada que decir pero donde lo que importe sea el decirlo, hija de un autor que no existe hasta que el texto acaba de hacerse.

 Por eso Fellini no aparece al principio en el genérico: no podría anteceder a la obra en su génesis, como en el cine clásico, a no ser como pura figura, como un personaje más, inscrito en el texto por medio de su delegado el protagonista.
 Guido no es un alter ego de Fellini, no es una imagen especular, sino un representante encargado de conducir la obra en desarrollo hacia su culminación, que no es otra cosa que el saludo de los actores, como en el teatro.





 La plataforma es la escenografía metafórica de propia obra: el texto está figurativizado dentro de sí mismo a través de este armatoste que ya aparece en la primera secuencia. Al final es posible mostrarlo ya como pura arquitectura, sin necesidad de ser incorporada a una historia como en los films de la primera época. No se trata de una estructura desnuda destinada a contener una historia, sino del bastidor de un cuadro, un trampantojo, el signo de otra cosa.

 Por lo mismo, el texto contiene también, en su materialidad, la propia crítica, aunque ésta no pueda incorporarse al genérico. Quizás a Fellini le gustaría que los nombres de los críticos aparecieran en los títulos de crédito, pues contribuyen al hacerse del film como texto. Pero también es consciente de que la crítica sólo puede ser una figura textual más, un discurso transubstanciado en artístico por el autor implícito, una autoconsciencia del texto.


 La lucidez de Fellini lleva a un juego de prestidigitación, de afirmación e ironía con los propios límites del texto moderno. Su problematicidad es reabsorbida e ironizada: destruir es mejor que crear, se dice al final de la obra imposible o frustrada; estamos sofocados por palabras sin sentido -los personajes y el propio Guido no han dejado de emitirlas-, lo mejor es el silencio-
 Es el humor del absurdo beckettiano, enlazado aquí con el espíritu carnavalesco popular del mundo al revés, como ese silencio deseado y reivindicado por el lunático que habla sin parar quejándose del vocerío universal en La voce della luna.

 Un mundo al revés donde el comienzo de la película es el final de la obra, del texto, y donde la palabra Fine aparece inmediatamente después de los títulos de crédito y se va alejando y empequeñeciéndose hasta desaparecer, como algo mostrado por la cámara, como un personaje más.






Pilar Pedraza y Juan López Gandía: “Federico Fellini ”. Editorial Cátedra. Signo e Imagen. Madrid. 1999


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