sábado, 12 de abril de 2014

2001, UNA ODISEA DEL ESPACIO según el libro “El Cine y la Imaginación romántica” de Frank McConnell




"2001, UNA ODISEA DEL ESPACIO"

según el libro El Cine y la Imaginación romántica de Frank McConnell.
 Editorial Gustavo Gili. Barcelona. 1977









...Puede que Kane se haya ahogado en un mar de posesiones materiales, pero -insiste el film- lo que oímos no es el mar sino a él. 2001: Una Odisea en el Espacio, de Stanley Kubrick, es un film muy distinto. Después de El héroe del río y de Ciudadano Kane, tal vez sea el film más importante en representar la voz del vacío, del mar, de la primitiva res extensa que circunda y amenaza a la palabra humana. Si Kane es un film sobre el lenguaje, el vacío y la escritura, 2001 es un film sobre el lenguaje, el vacío, la escritura y Dios. Su tema es simultáneamente el Paraíso Perdido y el Paraíso Recobrado, y nosotros leemos uno u otro de estos mitos, según lo que le aportemos. También podemos leer el film como una parábola sobre la historia del cine; pues el cine, tal como lo estamos enfocando, es también una parábola de la Caída.






 La película empieza en silencio, pero no es el silencio de los films de Keaton o Chaplin, ni tampoco el deliberado y misoneísta silencio de Luces de la ciudad; es más bien un silencio que es la ausencia de palabra, la negación, deliberadamente calculada y deliberadamente mantenida, de la presencia de la palabra hablada. Si en Kane a Welles le gusta emplear los títulos de noticiario como un anacronismo, en 2001 Kubrick los emplea como retroceso a, y metáfora de, la naturaleza paralingüística de su arte: “La alborada del hombre”, “Júpiter-Y más allá del infinito”.






 Las palabras, la prima materia de los conceptos, son herramientas, y 2001 es un film sobre la invención de las herramientas, el desarrollo de técnicas que separan al hombre de su medio ambiente salvaje y que, sin embargo, le procuran una creciente vulnerabilidad respecto de ese ambiente. Muchos críticos han observado la total banalidad del diálogo en el film. Pero esa banalidad lo convierte en el más elocuente de los films sonoros: es un film sobre el sonido, sobre la palabra en el espacio y en el Espacio. Cual monedas arrojadas al abismo con esperanza, cada cliché de 2001 nos devuelve un eco metálico que es inequívocamente humano. Incluso el computador HAL (¿metáfora del mismo film?), esa representación artificial de la conciencia-por-el-lenguaje, plantea la cuestión fundamental de la Caída en el tiempo, en el espacio, en la historia. Pues HAL pierde la razón debido a que le han enseñado a mentir –es decir, a usar el lenguaje como algo distinto al cumplimiento absolutamente exacto del status real de la conciencia en el espacio. Y la muerte de HAL, como el exilio de Adán del Jardín del Edén, es uno de los mitos más conmovedores, precisamente por el hecho de estar tan profundamente enraizado en la condición de la conciencia, en el mismo acto de hablar.





 ...La sensibilidad de noticiario de Ciudadano Kane se ha vuelto articulada y metafísica. Una odisea es un viaje a casa, como es evidente que Kubrick y Clarke quieren hacernos entender. Porque el feto con cuyo extraño nacimiento termina el film ambiguamente, o bien es un monstruo ideado para destruir el habitat humano del cosmos, o bien un mesías que anuncia una era de verdadera fraternidad en extensión infinita: o un monstruo de Frankenstein interplanetario o un Tarzán estelar.






 Pero el final de 2001 no es tanto una solución de los problemas del lenguaje, el cine y el espacio, como una transformación de estos problemas en una esfera todavía más complicada y más humana en su quintaesencia. El feto clava su mirada sobre la Tierra, con una sonrisa enigmática que nos sugiere que el significado real del film se halla en lo que sucede después de la palabra “fin”.

 En otra palabras, en 2001, como en Kane y tal vez en Potemkin, el cine triunfa tan rotundamente porque logra imaginar su propia génesis –el momento anterior a la palabra, del que la palabra nace, la situación de la conciencia, flotante en el vacío del universo material, justo antes de empezar a organizar ese universo en materia de palabras, significados y política. Pues también la política forma parte del aura imaginativa que rodea el advenimiento del cine como arte.

 Y llegados a este punto de nuestro discurso, necesitamos examinar cómo el cine, en tanto que sueño postromántico de la tecnología humanizada, se las arregla para reencarnar la más antigua de las preocupaciones humanas, la organización de la gente en sociedades que puedan convivir y dialogar sin derramamiento de sangre





Frank McConnell:  “El Cine y la Imaginación romántica”. Editorial Gustavo Gili. Barcelona. 1977

                
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